Ministerio de Adoración

“Santo, santo. Santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir….”

Apocalipsis 4:8 a adoración siempre comienza con Dios. Si no fuera por Su disposición de brindarse a Sí mismo a nosotros, nunca veríamos su rostro; quedaríamos para siempre alejados de su abrazo de intimidad. Dios quiere ser visto y oído a través nuestro, el hilo conductor está en la revelación de Dios, la revelación que nace y se inicia en El, de su majestad y grandiosa Santidad que nos pone de rodillas, que despierta nuestros corazones al milagro de la gracia que nos permite vivir y respirar en Su presencia. Sin verdaderas vislumbres de Dios, nosotros invariablemente trataríamos de reducirlo a nuestra medida, en vez de permitir siquiera que una diminuta parte de Su infinita gloria extienda nuestras mentes y almas hacia arriba al tratar de comprender la Suya.Esa es la causa por la que la adoración sin revelación es lánguida, apagada, vacía del maravilloso asombro que pertenece a Dios solamente; es la clase de adoración miope que podemos cómodamente ofrecer parados o sentados en la butaca. Pero cuando nuestros ojos son abiertos para beber de esa incomparable belleza, somos intrínsecamente llevados a postrarnos sobre nuestros rostros; ese lugar de adoración en donde estamos seguros y a la vez temerosos, en amor y también en pavor, de rodillas y en cierto modo, levantados hacia lo alto. El brillo de Su rostro nos conduce hacia Él, donde caemos de rodillas ante Sus pies.